Mariposas negras
No me gusta agosto porque es el mes de las grandes mariposas negras
Dicen que traen mala suerte, que anuncian visitas odiosas o presagian desgracias. No creo en eso, a mí simplemente me perturba su presencia oscura y silenciosa o su aleteo áspero y seco.
Ayer llegó la carta junto al ramo de lirios. La dejé en la mesita de la entrada, reclinada sobre el búcaro de cristal en donde coloqué las flores. Reconocí en el sobre tu letra redonda con trazos infantiles, pero no estaba preparada para abrirlo. No ayer, que llovió toda la tarde y que ni siquiera pude ver el mar desde mi terraza.
Hoy amaneció soleado, con bandadas de pelícanos cruzando la bahía. Por eso fui en su búsqueda. Me senté en el silloncito de mimbre entre las plantas y la sostuve largo rato, temblando, entre mis manos. Luego despacio, la fui abriendo hasta desdoblar por completo la hoja blanca impregnada de tu perfume. Tu súplica de perdón logró disipar una vez más las marcas de terror grabadas en mi alma y los moretones azules de mis mejillas.
Cuando el sol bajó, no prendí ninguna luz. Hace tiempo que el papel resbaló de mis manos y estoy aquí en la penumbra, como una mariposa negra de agosto, esperando paciente y resignada mi propia muerte.
María Laura De Piano
Mi cuento Mariposas negras forma parte de la antología
