Acababa de advertir hacia el sur, fuera ya de los escombros, en un recodo de las montañas desde el cual apenas se los percibía, la silueta de la estatua.
Bajo su manto petrificado, que el tiempo había roído, era larga y fina como un fantasma. El sol brillaba con su límpida incandescencia, calcinando las rocas, haciendo espejar la capa salobre que cubría las
Fragmento tomado del cuento La estatua de sal de Leopoldo Lugones, incluido en la Antología del cuento extraño.
BUEN FIN DE SEMANA
