RECORDANDO UN POEMA DE BORGES

Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos
sino ante el agua especular que imita
el otro azul en su profundo cielo
que a veces raya el ilusorio vuelo
del ave inversa o que un temblor agita
Y ante la superficie silenciosa
del ébano sutil cuya tersura
repite como un sueño la blancura
de un vago mármol o una vaga rosa,
Hoy, al cabo de tantos y perplejos
años de errar bajo la varia luna,
me pregunto qué azar de la fortuna
hizo que yo temiera los espejos.
Fragmento del poema Los espejos – Jorge Luis Borges



Filosofía en la Universidad de Panamá. Es investigadora social y coordinó proyectos de democracia y diálogo político, movimientos sociales, género, juventud, integración regional, desarrollo sustentable, comunicación alternativa y fomento cultural. Ha producido teatro y editado libros de ciencias sociales . Autora de Mundos probables (El Hacedor, Panamá, 2016). El poema Negra de ojos verdes forma parte del libro colectivo ¡Basta ! 100 Mujeres contra la violencia de género . Panamá.
apartamento después de la invasión y nunca se percató de que en el edificio vecino y en su mismo piso, exactamente frente a él, hubiera una ventana. Estaba seguro de que allí había un muro gris, alto y descascarado, con algunas grietas largas e inofensivas. Pero como Javier siempre se caracterizó por su poca memoria y sus grandes distracciones, el descubrimiento no lo sorprendió y se quedó observando al viejo encorvado que a algunos metros de distancia, permanecía inmóvil con la mirada perdida en algún punto de la calle. Detrás distinguió una pequeña sala pintada de verde claro con una poltrona gastada, una mesita con un mantel de hule y un reloj barato de pared que marcaba las seis y media.
monociclo arroja los tres bolos por encima de su cabeza y se los va pasando de una mano a otra con gran habilidad y una gran risa. Todo el día bajo el sol y la lluvia ha estado en eso recibiendo: escupitajos, insultos, robos y perversas insinuaciones y él como si nada disfrutando de la farándula cirquera.
naranjas, como el queso cheddar que le gusta a mi madre, como el color de aquella pintura de labios que atesoraba de pequeña. Pero con más brillo. Acaban de entrar; me los tragué con un vaso de agua fresca, sin hielo para no herirlos. Creo que son peces de río, de agua dulce. Por eso me van a alegrar por dentro sin morirse. Que si fueran de mar resentirían sentirse confinados y la falta de sal los podría debilitar; puñados de peces diminutos flotando sin vida en la superficie líquida de mi estómago me enfermarían de tristeza y de soledad. Los siento vivos en cambio; brincan como chispas y yo, siguiendo el impulso de sus piruetas, corro escaleras abajo, tomo mi bolso y salgo a la calle en esta mañana clara luego de meses de encierro. Llevo conmigo una botella plástica de agua pura que voy sorbiendo de a poquitos para mantenerlos a cierta profundidad.
