VIDAS AJENAS

HOY LES COMPARTO UN CUENTO QUE  FORMA PARTE DE MI LIBRO  » VIDAS AJENAS «. 

Una corta visita 

La tarde era fresca a pesar del verano y de la sequía. Bajaron del bus, caminaron con prisa hasta un portón de hierro y se detuvieron frente al letrero. Visitas. Horario de Verano de 10 am a 6 pm. Cruzaron miradas de alivio y entraron. Le dieron la vuelta al edificio atravesando el jardín. Un anciano leía el periódico sentado en un banco de piedra y otro parado junto a él, las saludó con la mano. Doblaron a la derecha por un sendero angosto en dirección a los árboles y lo encontraron, como siempre, descansando a la sombra rosada de un  enorme roble.  La mujer de más edad se adelantó, se colocó frente a él y con cariño se inclinó un poco.

—Mira qué sorpresa, viejo. Mira nomás quien está aquí conmigo. Tu nieta. Elvirita – dijo abrazando a la otra por la cintura.

— ¡Hola, abuelo! ¿Qué hay?

La más joven sonrió. La boca abierta mostrando todos los dientes y  los ojos  brillando  de alegría.  La misma sonrisa con  la que desde niña saludaba al abuelo.

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HOY LES COMPARTO UN CUENTO

Mariposas negras 

No me gusta agosto porque es el mes de las grandes mariposas negras que entran al apartamento como pájaros perdidos, posándose en paredes, muebles y rincones; allí esperan inmóviles, pacientes, resignadas durante días, su muerte inevitable.

Dicen que traen mala suerte, que anuncian visitas odiosas o presagian desgracias. No creo en eso, a mí simplemente me perturba su presencia oscura y silenciosa o su aleteo áspero y seco.

Ayer llegó la carta junto al ramo de lirios. La dejé en la mesita de la entrada, reclinada sobre el búcaro de cristal en donde coloqué las flores. Reconocí en el sobre tu letra redonda con trazos infantiles, pero no estaba preparada para abrirlo. No ayer, que llovió toda la tarde y que ni siquiera pude ver el mar desde mi terraza.

Hoy amaneció soleado, con bandadas de pelícanos cruzando la bahía. Por eso fui en su búsqueda. Me senté en el silloncito de mimbre entre las plantas y la sostuve largo rato, temblando, entre mis manos. Luego despacio, la fui abriendo hasta desdoblar por completo la hoja blanca impregnada de tu perfume. Tu súplica de perdón logró disipar una vez más las marcas de terror grabadas en mi alma y los moretones azules de mis mejillas.

Cuando el sol bajó, no prendí ninguna luz. Hace tiempo que el papel resbaló de mis manos y estoy aquí en la penumbra, como una mariposa negra de agosto, esperando paciente y resignada mi propia muerte.

María Laura De Piano 

 

Mi  cuento Mariposas negras forma parte de la antología                                        ¡Basta! 100 Mujeres contra la violencia de género . Panamá  (Modus Ludicus  ,2017 ) . Las autoras de esta compilación proponen individualmente desde el microrrelato, la minificción y la poesía, atisbos de los golpes y las muchas muertes reales o simbólicas que sufrimos todas en alguna medida, en un despliegue de mujeres rotas, mártires, solas, brujas, diosas, niñas, madres, viejas, blancas, negras, putas, santas, para ensamblar un mosaico del dolor y de la fuerza que a su vez encierra la mujer.