VERICUETOS DE LA METAFICCIÓN
La denominada “metaficción”, en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, es una forma de entrar más directamente en los vericuetos de la escritura literaria reforzando, al mismo tiempo, el
aspecto artístico del proceso de la creación a través del ingenio y el dominio del oficio con el que desde la obra misma se le indaga. Aunque siempre ha existido, y de ello hay abundantes pruebas en la literatura universal, su presencia como un tema estético de particular interés empieza a sentirse con más fuerza y constancia en el siglo xx.
Si la novela y el cuento son considerados obras de ficción, y por tanto aspiran a tener categoría artística, podría decirse que los textos metaficcionales son, por naturaleza, ficción a la segunda potencia; es decir: ficción de la ficción. ¿Por qué? Porque su materia prima es algún aspecto de la creación literaria, y a menudo la propia obra que ha sido escrita. En otras palabras: los contenidos de la ficción, y a veces también su forma, se ficcionalizan dentro de la obra en sí.
En todo caso, el mundo de la ficción está ahí, virtualmente abierto a todo, sujeto en todo momento al escrutinio de la creatividad de quienes cultivan el difícil arte de la escritura. Y es preciso estudiarla a fondo, función ésta de los críticos que algunos escritores también se apropian desde las entrañas de la obra misma, como parte integral de su estructura y su estilo. Y, como ya se ha dicho, eso es precisamente lo que hace la metaficción: abordar la ficción desde las entretelas de la ficción misma, problematizándola.
Fragmentos tomados del libro Esa fascinante magia de escribir
del escritor panameño Enrique Jaramillo Levi



ser vital del artista —todo escritor verdadero es un artista— pero se refleja en la obra; y la verosimilitud, la cual debe surgir de las entrañas mismas de la obra porque hasta cierto punto la describe, la califica. A menudo se confunden, acaso porque en verdad se parecen. Y es que lo auténtico suele ser también verosímil, es decir creíble. En cambio, cuando el lector tiene la impresión de que en un texto priva el artificio, la fabricación, la impostura, alguna forma de manipulación para producir determinados efectos, la obra pierde autenticidad y por tanto credibilidad porque nace la duda, la desconfianza.
comunicar una vivencia de la forma más vívida posible. Debe despertar resonancias personalísimas en el lector, sacudirlo, hacerlo sentir, pensar. Debe, en última instancia, transformarlo. Para bien o para mal. Generalmente para bien, aun en las obras más terribles o perversas. Porque siempre hay un aprendizaje, y este suele venir de un sacudimiento profundo.
ensayista, profesor universitario, promotor cultural, editor. Fundador y director de la revista cultural “Maga” y del Diplomado en Creación Literaria de la Universidad Tecnológica de Panamá, en 2005 gana el Premio Nacional “Ricardo Miró” por los cuentos de En un instante y otras eternidades (2006); y en 2009 los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango, Guatemala, por los cuentos de Escrito está (2010),
